Natalia Jaraiz Vaquero
¡Hola a todos! Con esta entrada queremos contaros una de las
experiencias que hemos tenido en el cole. A nosotros, como niños de 2º de
Primaria que somos, ¡¡NOS ENCANTA QUE NOS CUENTEN CUENTOS!! Así que el otro día
hicimos un taller de esto con la profe.
Lo primero que
hicimos fue ver un par de vídeos de dos profesores contando un cuento para luego
poder practicar nosotros.
Pero como todos sabemos… contar un cuento no es solo contar
la historia y punto. Lo primero que hay que tener en cuenta es saber la
diferencia entre leer un cuento o contarlo, porque ¡no tiene nada que ver! Una
vez hecha la diferencia, toca ponerse manos a la obra.
Contar un cuento es transmitirlo con gestos, con la mirada,
con el tono de voz. Es poner diferentes voces a los personajes y enfatizar los
momentos de repetición. Por lo que con este taller aprendimos que no era tan
fácil como parecía.
Una vez aprendido qué es contar un cuento, en los mismos
grupos que estamos sentados en clase practicamos con ello: uno de nosotros
contaba el cuento que tenía delante y los otros tres lo escuchábamos y nos
ayudábamos entre todos a mejorarlo (teniendo en cuenta que es imprescindible
haberse enfrentado al texto previamente y nosotros no tuvimos oportunidad de
ello).
Para esta práctica, se nos dio un texto poco antes. La
persona que iba a contar el cuento, puso leérselo un par de veces antes (ya que
es un paso muy importante, porque quien va a contar el cuento tiene que estar
muy familiarizado con él) y se puso a contarlo; intentando prestar la máxima
atención posible a los aspectos anteriormente comentados tales como
gesticulación, entonación… Mientras, los otros tres miembros, disfrutaban de la
lectura y también prestaban atención a cómo lo hacía, de modo que al
finalizarlo, pudiera corregirle los posibles errores para que todo el grupo
tuviera un aprendizaje sobre ello.
El texto con el que hicimos este taller fue el siguiente:
El caballo y el asno
Un hombre tenía un caballo y un asno.
Un día que iban camino a la ciudad
con una gran carga de mercancías, el asno, que llevaba la parte más pesada, al
sentirse desfallecer le dijo al caballo:
- Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.
El caballo, que llevaba la carga más liviana, se hizo
el sordo y, sin decir nada, siguió trotando despreocupadamente. Al
anochecer llegaron a la posada, pero el pobre asno, anciano y agotado tras una
larga caminata, cayó víctima de la fatiga,
y murió allí mismo.
A la mañana siguiente, el dueño lloró la muerte del
buen asno, pero tras pensarlo bien se dio cuenta de que la piel le serviría
para hacer un buen odre para el aceite, así que pidió a un talabartero que lo
desollara y le preparara la piel para el viaje. Por último, echó toda la carga
que transportaba el asno encima del caballo, incluida la piel. Y el caballo,
suspirando dijo:
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar
con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del
asno encima!
Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu
prójimo que honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese momento, en
realidad te estás perjudicando a ti mismo.
¡EL TALLER DE STORYTELLING FUE GENIAL! Todos salimos muy
satisfechos y, lo mejor, aprendimos a contar un cuento y ahora, todos los que
tenemos hermanos pequeños, podemos practicarlo.

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