Natalia Jaraiz Vaquero
¡Ya estamos por aquí
otra vez!
En esta ocasión vamos a
contaros el último taller que llevamos a cabo en Lengua. Consistía en hacer una
obra de teatro, pero no de cualquier manera. Lo primero que tuvimos que hacer
fue saber qué personajes tendría la obra. En este caso las instrucciones fueron
claras: tenía que haber un personaje real, uno mitológico, un instrumento
musical (que tuviera un papel en la obra, no simple presencia) y un cuarto a
elección nuestra. Nos pusimos en los grupos ya diseñados y… ¡manos a la obra!
Enseguida nos pusimos a
inventar el diálogo que cada personaje tendría. Y, aunque el punto de partida
era el mismo, cada uno dimos rienda suelta a nuestra creatividad y salieron
historias de lo más variopintas. Algunos hicieron todo en prosa, otros todo en
verso, combinaron un recurso con otro… ¡una maravilla!
Una vez hecho el
diálogo, había que hacer la verdadera obra de teatro, por lo que la búsqueda de
atrezo, decorado, utilización (o no) de las TIC para el fondo, las voces…
entraban en juego. Además, en muchos de los casos, como también había un
narrador, había un personaje que tenía dos papeles, por lo que el cambio de
voces ganaba importancia.
Dispusimos la clase
como si de un teatro se tratara. Nos sentamos todos en semicírculo, dejando un
espacio para los actores, y pusimos todas nuestras ganas en que saliera bien,
disfrutar, reírnos y aprender unos de otros. Y la verdad… ¡fue genial! Nos
dimos cuenta de lo diferentes que somos, cómo cada historia se iba por unos
derroteros u otros, empleando personajes famosos o no, cantando, gritando, con
onomatopeyas… ¡de todo! Había tanta diversidad como alumnos somos en clase. Al
final, nos encontramos con seis diferentes obras que nos hicieron pasar un muy
buen rato y darnos cuenta de que…. En la variedad, está el gusto.
En nuestro caso, al
pensar en los personajes, llegamos a la conclusión de que la protagonista sería
Ramoncita, una vagabunda. El instrumento musical, una guitarra. El personaje
mitológico, una diosa; y el personaje extra sería un pájaro. Lo primero que
hicimos fue pensar en la trama principal, el hilo conductor que diera pie a la
historia; y sería la historia de Ramoncita. Ella, cansada y aburrida de estar
en sus cartones sin nada que hacer, al ir a buscar a la basura, encuentra un
libro y se dispone a leerlo. Al meterse en la historia y basándonos en otros
libros que hemos leído, decidimos que los personajes cobrarían tal relevancia
para la protagonista, que esta se pensaría que está viviendo lo que lee en vez
de simplemente leerlo.
Los personajes van
apareciendo uno a uno para enseñarle algo nuevo y valioso a Ramoncita sobre sí
misma, sobre su valía por ser humana, la importancia de la imaginación… de modo
que cada persona aporte un aprendizaje a los niños que leyeran el libro y una
razón sobre la que darle vueltas a la vida.
Mientras lo íbamos
escribiendo se no ocurrió algo. Necesitábamos que el personaje que hiciera a su
vez de narrador, a la hora de representarlo a la clase, tuviera algún
distintivo en alguna de las partes y decidimos que una manera original de hacerlo
sería escribiendo en verso las líneas del narrador. En principio parecía fácil,
pero el proceso era mucho más complejo; ya que había que pensar la trama, en
qué momento intervendría cada personaje, contar que todos los personajes
(excepto Ramoncita) intervinieran el mismo número de veces más o menos y la
participación intermediaria del narrador, en verso, pensando qué podría querer
transmitir y cómo hacerlo.
Otro proceso que
también fue difícil pero muy divertido fue el pensar en los nombres de los personajes.
No queríamos olvidar que nos encontrábamos en el mundo de los sueños, donde
todo tiene sentido pero sin utilizar nada convencional ni típico, por lo que
nos rompimos la cabeza para pensar el nombre de cada personaje: Ramoncita,
Agapita, Tarantina y Colorina. Parece que lo hicimos a posta y siguiendo un
patrón al finalizar cada nombre, pero nada más lejos de la realidad.
Una vez pensado todo,
nos faltaba ponernos a escribir la intervención de cada uno, y este fue el
resultado final:
Narrador:
Érase que se era, en un lugar cualquiera, un personaje con chistera. Ramona
se llamaba y en un banco habitaba. Sin dinero en el monedero, bajo un árbol
limonero, vivía cada día con muy poca alegría. Día a día se aburría, sin comida
en la barriga, sin tener ningún quehacer ni tampoco entretener.
Ramona:
(mascullando entre dientes) ¡otro día
más! Nada que hacer, ni nada que comer. Todo el mundo pasando de largo y yo
aquí… Hoy se avecina lluvia, voy en busca de unos cartones (va a la basura a buscar). ¡Recorcholis! ¡Pero qué
tenemos aquí! Dado que no tengo nada mejor que hacer… Me pondré a leer.
Narrador:
Cómo había adelantado, empezó a llover con descaro. Y bajo su árbol limonero,
Ramona leyó con esmero. Se encontró con Agapita, una criatura muy bonita.
Agapita:
¡Ay esta Ramoncita le hace falta una duchita!
(Ramona
mira hacia otro lado sin percatarse de que es a ella a quien se dirige esa
misteriosa voz).
Ramona:
¿Quién habla? ¿Estaré soñando?
Agapita:
Ramoncita, soy yo, la diosa Agapita. ¿No te acuerdas de mí? Nos conocimos
cuando eras pequeña.
Ramona:
Pero… ¿qué estás diciendo? A mí nunca me gustó leer.
Agapita:
Acuérdate aquel verano cuando no entendías la mitología y tu abuela Margarita
te presentó a mis amigos y a mí: el dios Calimero, la joven diosa Serpentina,
el travieso dios Flautino…
Ramona:
Ya me va sonando. Pero… ¿Cómo tú por aquí?
Agapita:
Amiga mía, vengo a recordarte que pese a tu situación actual, la lectura puede
ser tu compañera de viaje, transportarte a épocas pasadas y vivir nuevas
aventuras.
Ramona:
Y tú, ¿Podrías acompañarme?
Narrador:
Y sin tiempo que perder empezaron a aprender. Se envolvieron las dos juntas en
un mundo que retumba. Otro amigo apareció y le enseñó otra lección.
Tarantina:
¡Buenas trrrrardes compañeras! ¡Qué bonito día hace hoy! Tran trin tran (tararea). ¿Cómo es que habéis llegado a
este mundo musical?
Agapita:
Querida Tarantina, te presento a mi amiga Ramona. Se pensaba que era pobre pero
ha descubierto un nuevo mundo que no tiene precio.
Ramona:
No sé muy bien cómo he llegado aquí. Pero… ¡las guitarras no hablan!
Tarantina:
Tranquila Ramona, que al igual que Agapita tengo algo que enseñarte que te
cambiará la vida.
Ramona:
Bueno, bueno, eso está por ver.
Tarantina:
Debes aprender que el mundo de la imaginación no tiene límites. Puedes soñar e
imaginar todo cuanto desees. No hay ninguna regla que cumplir y cómo podrás
comprobar hasta las guitarras hablan. La
lectura puede embaucarte a lugares mágicos.
Ramona:
Parece que voy entendiendo lo que queréis transmitirme. Esta historia me está
gustando, sigamos la marcha.
Narrador: Juntas
en armonía, continuaron la travesía. Y se encontraron con Colorina, un ave muy
divina.
Colorina:
¡Buenos días señoras mías! ¡Qué alegría un poco de compañía! Me paso todo el
día en el limonero cantando sin que nadie aprecie mi bella voz.
Ramona:
Pero… ¿Si nadie te escucha ni hace caso, por qué sigues cantando?
Ramona:
¿Todavía más?
Colorina:
El aprender no ocupa lugar. Como ya habrás observado, este libro te está
aportando muchas enseñanzas.
Ramona:
¡Pero qué dices! Si esto es un sueño…
Colorina:
Nunca debes olvidar el valor que tienes por ser tú. Y digan lo que digan los
demás, nunca olvides lo valiosa que eres. (Voz
en eco) Y recuerda…Nunca, nunca, nunca…
(Se
cae un limón del limonero y Ramona se despierta sobresaltada).
Ramona:
Pero ¿qué ha pasado? ¡Me he quedado dormida!
Narrador:
Sin haberlo planeado, este libro te ha embaucado. Pero has de saber que aunque
fuera sin querer, esta curiosa lectura, te ha trasladado a una aventura.
Todas:
Y colorín colorete, con este cuento de rechupete, hemos aprendido, que a pesar
de lo vivido, la lectura aventurera, te enseña de muchas maneras.
Perfecto, el guion
estaba hecho. Quedaba la representación.
Los personajes estaban
repartidos desde el principio, ya que adecuamos cada uno un poco a la
personalidad de cada miembro del grupo. Nos volvimos a reunir y pensamos en el
atrezo que teníamos que llevar, aunque nos pareció bastante fácil ya que los
personajes estaban muy bien descritos e imaginados en nuestra cabeza, solo
hacía falta manifestarlo; pensar el decorado y aprenderse el guion. Porque si algo
teníamos claro era que no queríamos salir con una hoja leyéndolo, porque así no
hay manera de expresar lo que el personaje quiere transmitir.
Y llegó el día. Nos
disfrazamos, nos pusimos nuestras mejores galas, lo ensayamos mil veces antes
de salir a escena… y al final nos tocó. Y este fue el resultado:
La verdad que fue un
taller que disfrutamos muchísimo, ¡¡y espero que así os hayamos transmitido con
esta entrada!!


No hay comentarios:
Publicar un comentario